Las costumbres regionales se transmiten en la vida diaria y en la relación entre generaciones. El orgullo por Arequipa aparece en la forma de hablar, el interés por la historia local y el deseo de mantener vivas sus tradiciones.
Una comida compartida, una fiesta y una conversación sobre la tierra pueden convertirse en espacios de memoria. Conservar esas prácticas es una manera de seguir cerca de las raíces mientras la ciudad y sus habitantes cambian.
Publicación de Los Lonccos sobre este tema ↗¿Y si lo vivimos en la mesa?
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