Su historia está ligada a las chicherías de la época colonial, donde trabajadores y agricultores se reunían para beber y comer. Con el tiempo, la cocina ganó protagonismo y aquellos espacios dieron lugar a las picanterías.
La tradición se reconoce en las ollas de barro, el fuego de leña, la chicha, las mesas compartidas y el conocimiento transmitido por las mujeres picanteras. Los saberes culinarios, la hospitalidad y la conversación hacen que este encuentro vaya más allá del plato: es una expresión de la identidad de Arequipa.
Publicación de Los Lonccos sobre este tema ↗¿Y si lo vivimos en la mesa?
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